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2013/03/11

Innovación

Una regla no escrita del mundo de la docencia dice que nadie domina una materia si no es capaz de explicarla con palabras sencillas. Digo esto porque me sorprendió recientemente la vaguedad de las explicaciones de un 'experto' en innovación al tratar de definir este término.

Sobre esta extraña sensación que tuve al saber que la organización para la que trabaja se promociona con dicho experto como un líder en innovación, me hice la pregunta. ¿Soy capaz yo mismo de hacerlo con precisión? Espero que sí, porque voy a intentarlo.

Innovación es cualquier cambio que crea valor en al menos algún punto de la cadena de valor de un negocio. Esto afecta a cualquier mejora en la sucesión de procesos que va desde la extracción de materias primas hasta el reciclaje del producto al final de su ciclo de vida en el caso de negocios basados en productos, o desde la oferta del servicio hasta la finalización del mismo, en el caso de negocios basados en servicios.

La creación de valor implica que el cliente, ya sea un B2B o un B2C, prefiera consumir un producto determinado ante igualdad de precios. No obstante, también existe creación de valor hacia abajo si la mejora es capaz de integrar con mayor eficiencia a los proveedores implicados en el negocio. Así por ejemplo, cuando una empresa crea un entorno de trabajo más agradable para sus trabajadores sin merma de su productividad, crea valor hacia abajo porque favorece la retención del talento y la fidelidad. Eso también es innovación.

Existe una tendencia entre los de mi especie -ingenieros- a pensar que la innovación procede principalmente de avances tecnológicos, pero creo que no es así. A estas alturas de la vida pienso que las innovaciones puramente tecnológicas habitualmente son incrementales, mientras que las disruptivas, las que crean Océanos Azules provienen de la observación de necesidades no detectadas previamente. Esto es aplicable no sólo a productos de consumo como ha hecho Apple a lo largo de su historia, sino también a sectores industriales, como pudo ser en su momento la introducción de los métodos Lean Manufacturing en el sector de automoción por parte de Toyota (más detalles sobre la evolución desde la fabricación en cadena de Ford hasta el Lean Manufacturing de Toyota, en este libro).

Pido disculpas porque para acompañar este texto no he encontrado una fotografía mejor que esta que subí anteriormente. La innovación permite competir en mejores condiciones, o incluso definir estrategias no basadas en la competencia.

race 2

Canon EOS 50D
Canon 28 mm f1.8 EF USM
Apertura: f/1.8
Exposición: 1/100
Lente: 28 mm
ISO: 1600

2012/11/21

Recortes

Sin contar con lo que necesiten los bancos y cajas españolas, el Estado necesitaría unos "300.000 millones de euros entre junio del 2012 y finales del 2014", según el ministro alemán de finanzas Wolfgang Schäuble. Esta es una cantidad ciertamente enorme que, a medida que el gobierno presidido por Mariano Rajoy vaya solicitando, puede comprometer no sólo directamente el futuro de nuestra generación, sino también el de la siguiente. Y es que no hay que olvidar que, por una parte el actual gobierno no opta por la solución de los problemas de fondo del país en relación a su falta de competitividad por la escasa capacidad de innovación, y que por otra, los recortes en servicios básicos como la Educación y la Sanidad tienen impacto directo en el crecimiento económico, como Hans Rösling lo demuestra de una peculiar forma en Gapminder. La explicación está aquí.

Para darse cuenta del impacto por familia de esta deuda, se pueden hacer unos cálculos muy sencillos. Si según la Encuesta de Población Activa, en España hay en estos momentos 38.4 millones de personas mayores de 16 años, es decir, en edad de trabajar, en el caso hipotético de que todos realizáramos la misma aportación económica vía impuestos al Estado, a cada uno de nosotros le tocaría pagar unos 7.800 euros para saldar la deuda.

Ahora bien, no todo el mundo mayor de 16 años tiene trabajo o desea trabajar, y aclaro que en este último caso estoy pensando por ejemplo en amas de casa, o estudiantes, no apuntados al INEM. Además, a esa cifra hay que descontarle los casi seis millones de parados que, queriendo trabajar, no pueden hacerlo porque no encuentran un empleo. Lo que queda de descontar a la población activa la población desempleada es la población ocupada: 17.3 millones de personas. Dividiendo esos 300.000 millones por cada uno de los ciudadanos que tenemos la fortuna de trabajar, la cifra de la deuda alcanza los 17.300 euros por empleado. Esto significa que mi familia, en la que tenemos tanto mi mujer como yo la inmensa fortuna de trabajar, pagará unos 34.600 euros. Ahí queda la cifra para la reflexión personal.

Pensando en rescates, recortes y demás, me he acordado que tenía por ahí esta foto sin subir al blog. Getty Images me pidió autorización para ofrecerla en su base de datos, pero era necesario ceder los derechos de imagen del aizkolari, y como no le conozco, no pude completar el trámite. Está sacada en unas fiestas de Zizur en una plaza repleta de gente. Cortar troncos al estilo australiano puede parecer una locura pero, ¿no lo es en mayor medida que la ciudadanía tenga que pagar tanto dinero sin que la clase política que lo ha gestionado tenga que vérselas con la justicia?

slash!

Canon EOS 50D
Sigma 18-50 mm f/2.8
Apertura: f/11.0
Exposición: 1/100
Lente: 28 mm
ISO: 400