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2010/06/15

Itsasoa (la mar)

El Peine del Viento es un lugar emblemático de Donostia no solo para el turista, sino también para el local. Mientras es posible que el visitante se acerque esperando encontrar un profundo diálogo entre arte y paisaje, fruto del trabajo de Eduardo Chillida, para el donostiarra simplemente se trata de un tranquilo lugar de asueto diario, perfecto para disfrutar de una buena conversación.

Allí me escapé un rato de hace unas semanas, justo después de dejar a mi hijo mayor en la cama, y a mi esposa con todo preparado para ir a dormir en cuanto la pequeña lactante le diera permiso. Salir a fotografiar teniendo dos niños en casa es una tarea complicada que solo se puede hacer si uno se organiza con tiempo y si además, no hay ningún imprevisto de última hora. ¡Suele haberlos!.

Para obtener esta fotografía, utilicé el trípode, el disparador de cable para poder levantar el espejo un tiempo bastante largo, y una buena dosis de paciencia. Acertar en la correcta exposición es complicado, y exige sucesivas iteraciones, cada una de las cuales puede requerir unos 10 minutos contando con el tiempo de procesamiento y grabación de la imagen sobre la tarjeta. Aunque a esta imagen se le pueden poner algunas pegas, creo que ha quedado decentemente y pasé un rato agradable charlando con McLander.

chillida

Canon 50D
Sigma 18-50 mm f/2.8
Apertura: f/9
Exposición: 331
Lente: 23 mm
ISO: 100

2010/05/08

Confidencias

Este pasado invierno ha sido muy frío. Con tantas ocasiones como ha nevado es fácil perder la cuenta. De hecho, aunque no se pueda decir que sea excepcional, en plena primavera aún estamos soportando temperaturas del orden de los 3 o 4 ºC a primera hora de la mañana.

El sábado 9 de enero era uno de esos días de temporal. Si bien la tarde no fue demasiado dura, sobre las ocho de la tarde se puso a nevar intensamente. La temperatura rondaba -3ºC y la nieve cuajaba sobre la carretera. En estas circunstancias me animé a abrigarme y a escaparme a Pamplona en coche para sacar unas fotos.

El camino de Zizur a Pamplona estaba helado pero se podía circular con mucha precaución. En media hora pude aparcar en el aparcamiento de la Estación de Autobuses.

Después de vagar un poco llegué a la esquina de la calle Zapatería con la plaza Consistorial. Allí planté el trípode y me puse a disparar. Desde luego la noche no era muy apacible, pero se gozaba de ese silencio mágico de estas ocasiones sólo roto por los esporádicos grupos de jóvenes que pasaban en busca de fiesta. En una esquina el castañero se guarecía del frío.

La luz era tenue, y fue necesario probar algunas exposiciones muy lentas con bajas sensibilidades. En esas fotos no se veía la nieve caer por mucho que abriera el diafragma al máximo (f/2.8), ya que la velocidad era demasiado lenta. Además, esa apertura no es desde luego la mejor para sacar un paisaje, así que opté por cerrar un poco el diafragma subiendo la sensibilidad hasta 1600. De esta manera salió una fotografía con una velocidad de disparo (1/13) lo suficientemente alta como para que se viera la nieve suspendida en el aire.

De alguna manera este es un momento invernal, de castañas calientes, de amistades, y de confidencias.

confidencias

Canon EOS 50D
Sigma 18-50 mm f/2.8 EX DC Macro
Apertura: f/8
Exposición: 1/13
Lente: 26 mm
ISO: 1600

2010/05/05

Nectarina

Teníamos una cocina a la que dar un toque de color. En su momento, elegimos unos azulejos gris marengo para el suelo, unos grises más o menos del 18% para la pared, granito de color gris para la encimera, y blanco para los muebles. Con estos colores tan sosos, parecía un funcionario de la administración pública.

La última vez que pasamos por Ikea nos compramos un marco para una serie de cinco imágenes de 13 cm x 18 cm, pensando en rellenarlo con cinco fotografías de frutas.

En mi ignorancia, encontrar un fondo sobre el que colocar una manzana o una naranja abierta por la mitad, iluminarla convenientemente para evitar sombras , y fotografiarla, parecía fácil. Por eso, me llevé las primeras sorpresas cuando empecé a experimentar. Descubrí que iluminarla convenientemente era una tarea para la que no tenía material, y el sol tiene la mala costumbre de generar una luz intensa pero muy direccional. Además, el plato grande y blanco que tomé prestado de casa de mis padres, generaba brillos y en sus bordes, por la curvatura, blancos menos blancos, o sea, grises.

La cuestión de la sombra la resolví componiendo adecuadamente la fotografía: no pudiendo eliminarla, decidí que era más práctico dirigirla según mi criterio. Para evitar los grises de los bordes del plato, me acerqué al chino más cercano y me compré una fuente grande por 2 euros, y para asegurar una composición coherente en toda la colección y una buena profundidad de campo, utilicé el trípode y una apertura del diafragma pequeña (f/22). Después, subí los negros y quité un pelín la claridad con el CR, y ajusté los niveles con el PS. Para finalizar, nos hicimos una macedonia de frutas gloriosa.

nectarina
Canon EOS 50D
Sigma 18-50 mm f/2.8 EX DC Macro
Apertura: f/22
Exposición: 1/10
Lente: 50 mm
ISO: 100